Carta abierta a los conductores del A2

Queridos compañeros conductores,

Cada mañana comparto con vosotros el tedioso trayecto por carretera hacia el trabajo. Por la noche regresamos juntos a casa, felices con la idea de poder estirarnos pronto en el sofá y dejar atrás los líos laborales. Tenemos tanto en común,… tantos kilómetros de carretera que nos unen,… deberíamos ser amigos, deberíamos llevarnos bien y cuidar el uno del otro, haciendo el tedioso trayecto de la mañana más ameno y la vuelta a casa por la noche más rápida. Porque para eso están los amigos. Para hacernos la vida más amena y más fácil. ¿Verdad?

¡Pues no! Se ve que en vez de considerar a los demás conductores como unos amigos, de esos distantes y remotos pero a la vez tan cercanos, algunos de vosotros preferís ver el A2 como un circuito cerrado y convertir el camino al curro en una carrera de fórmula 1 donde vosotros sois Alonso (orgullo patria, como no) y los demás el Lewis Hamilton de los cojones. Al Lewis Hamilton de los cojones obviamente no vais a dejar que os adelante nunca, por mucho intermitente que ponga, por mucho que tenga prioridad o por mucho que esté a punto de perderse la salida al trabajo. ¡Que se joda, el muy cabrón! Olvidáis de paso que es poco probable que el Lewis Hamilton de los cojones vaya por el A2 dirección a Barcelona, a las 8 y media de la mañana, en un fiat grande punto abollado y rayado y con una sillita de bebe bamboleándose en los asientos traseros. Claro que no os molestáis en fijaros bien: sois pilotos profesionales y os concentráis en el camino delante y el recorrido por hacer, en batir récords de tiempo y llegar al curro con tiempo suficiente para fumaros un piti y tomaros un cafelito antes de entrar a la ofi. Porque eso sí que es importante. Sin piti y café no sois vosotros mismos.

Las reglas de tráfico os las pasáis igualmente por el forro. Porque en un circuito cerrado tampoco se aplican, leches. ¿Prioridad? ¡Es una carrera, tía, a ver si te enteras, no hay prioridad! ¡El que cede el paso pierde la carrera!

¿Margen de distancia? No, mujer, ni margen de distancia ni ostias en vinagre. O te apuras o te apuro yo, pegándome como chicle a tu parachoques trasero. ¿Que al lado tienes un tráiler de un par de toneladas que amenaza con aplastarte contra el guardarrails de la izquierda? No seas llorica, eso solamente lo hace más divertido! ¡Ese subidón de adrenalina de buena mañana! ¡Mejor que un piti con cafelito!

¿Usar los intermitentes? Hombre, no, pa’ eso no tengo tiempo: tú que estás ahí estorbando con tu caracol sobre ruedas, debes de ceder el paso sin más a mi semental de acero en cuanto me veas venir. Con o sin intermitentes. Puedas o no puedas. Si hace falta, ocasionas un choque en cadena con otros caracoles como tú, pero a mí me cedes el paso. ¿Entendido?

Sí, amigo, entendido. Lástima no poder llevarnos mejor. Lástima no poder compartir ese cafelito mañanero (el piti te lo dejo que no fumo) juntos, hablando sobre el tiempo y el último partido del Barça. Lástima que tengas que ser tan cabrón, con los buenos amigos que podríamos haber sido si no fuera por el A2….

Saludos cordiales,

Vuestra ex-amiga.

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